Cuando la legalidad en los procesos de divorcio no opera bajo el interés del menor.

Cuando la legalidad no opera bajo el interés del menor.

CASO: Padres no casados, que deciden tener un hijo. Al poco tiempo de la llegada del menor la relación comienza a romperse. Las quejas son más persistentes por parte de la madre del tipo: falta de ayuda con el menor, apoyo… El padre trabaja fuera de la ciudad donde residen. La situación económica es precaria y el padre trabaja en la construcción un poco a merced de donde le sale el trabajo. La madre tiene carrera universitaria pero no trabaja.

Una realidad que se ejecuta en los procesos de separación (últimamente muy extendida) y que no está sujeta a ningún tipo de ley  … es cuando uno de los cónyuges procede a llevarse a los hijos, bien a otro domicilio, bien a otra localidad sin comentarlo al otro progenitor. “Una escapada furtiva en la que desaparecen”. Pues bien, legalmente no hay forma de reclamar a los hijos, salvo que se interponga una demanda de separación, en la que lógicamente, se legitimaria legalmente quién tiene la custodia. Si la que marcha con los hijos es la madre, el miedo del padre es mayor porque sabe que existe la posibilidad de algún tipo de denuncia por malos tratos, bien físicos o psicológicos que automáticamente le eximiría de la responsabilidad de los hijos. Esta es una cuestión que está muy presente en este campo.

Establece el art. 92.7 CC «no procederá la guarda y custodia conjunta cuando (…) el Juez advierta, de las alegaciones de los padres y las pruebas practicadas, la existencia de indicios fundados de violencia doméstica».

Si es el padre el que se lleva a los hijos, casi con total seguridad, que justificará su marcha alegando problemas psicológicos de la madre.

Hay que insistir que no en todos los procesos se opera bajo la mentira o  la estrategia legal, pero en ocasiones ocurre y la labor del psicólogo obedece a aportar claridad sobre la situación.

Siguiendo con el caso…, la madre, deniega las visitas al padre y como no hay proceso regulador, sólo obedece a la voluntad de la madre. Iniciar un proceso judicial, de separación, aunque sea urgente, no implica que sea tan urgente como para resolverse en un mes. Esto aplaza la relación con el padre y hace que no sean bien establecidas las figuras de apego porque al final, el niño es para el padre y el padre para el niño un extraño. ¿ Qué ocurre? Que llegado el momento del juicio no se puede establecer un régimen de visitas normalizado.

Partiendo de las leyes evolutivas y del desarrollo,  hay directrices orientativas en función del período evolutivo en el que se halle el menor para establecer un plan de visitas (Skafte, 1985; Hodges  et al., 1991; Stahl, 1994; Ackerman, 1995; Granados, 1998; Seijo, Fariña y Freire, 2000; Fariña, Seijo, Arce y Novo (2002):

Niños desde el nacimiento hasta los 18 meses: El progenitor no custodio debería estar con su hijo diariamente, y no deberían transcurrir intervalos superiores a tres días. Las visitas no tienen porqué exceder de dos o tres horas, y deberían ser de menor duración cuando su cadencia sea de una o dos veces por semana. Pasados los seis meses, el tiempo de visita puede ir aumentando paulatinamente.

Es una estrategia perfecta!!!!!. Alegar que no existe relación de apego!!!. Las visitas aunque se legalizan , no operan sobre lo que psicológicamente es más razonable para el menor: un contacto diario y continuado con el progenitor no custodio. Tampoco olvidemos que otro factor de negativa facilitación de un menor con el progenitor no custodio,  si es el padre, es alegar también lactancia materna. Teniendo en cuenta que ahora hay estudios científicos que avalan la importancia de alargar la lactancia hasta los seis años, si fuese necesario, las visitas estarían condicionadas. ¿Cómo se demuestra que hay una lactancia real y no una estrategía?

JUSTIFICACIÓN EN MATERIA PSICOLÓGICA

Estudiando la literatura más representativa sobre las influencias de la figura paterna en el desarrollo del niño, hay tres áreas del comportamiento infantil que resultan particularmente importantes. El padre tendería a desarrollar una mayor autonomía e independencia en el hijo, facilitando el proceso de separación-individuación de la madre (Pacella 1989; Lamb, 1977; Abelin 1975); el padre impulsaría la diferenciación y la tipificación sexual en los hijos (Lamb, 1986; Smorti, 1987); el padre promovería la adquisición de los valores sociales y, por consiguiente, el desarrollo moral (Lamb, 1981; Parsons y otros, 1982).  Para el caso que nos ocupa, la ausencia del padre deja al niño atrapado en la mirada materna y sin una visión continua de sí mismo en el tiempo. No se trata simplemente de hablar del futuro al niño, se trata de transmitir nuevas emociones al hijo o a la hija. Y el niño, sólo está dispuesto a dejar las riendas maternas si el padre se convierte en una figura importante para él. La liberación de la unión simbiótica con la madre es condición primordial para que se desarrolle la autonomía de las funciones del Yo (Stern, 1995; Mahler y otros 1975). En materia legal y forense “todas las medidas adoptadas deben establecerse por el bien del menor y para el mejor interés del menor”.  La restricción en las visitas, cuando el infante es menor de un año, no garantizan el vínculo afectivo con el progenitor no custodio. Visitas en la puerta del domicilio tampoco garantizan situaciones lúdicas y de descubrimiento tan importantes para el primer año de vida.

 

Con  respecto al  Artículo 233-11 cc. Criterios para determinar el régimen y la forma de ejercer la guarda:

  1. Para determinar el régimen y la forma de ejercer la guarda, se ha de tener en cuenta las propuestas de plan de parentalidad y, en particular, los criterios y las circunstancias siguientes ponderadas conjuntamente:
    1. La vinculación afectiva entre los hijos y cada uno de los progenitores, y también las relaciones con las demás personas que conviven en los respectivos hogares. Con respecto a este apartado se puede afirmar taxativamente que la vinculación afectiva que se está forjando es estrechamente con la madre y con la familia de esta, por lo que, con una visita a la semana es bastante difícil que puedan consolidarse los vínculos afectivos entre el niño y el padre. Esta situación, puesto que no está regulada, se está ejerciendo de forma unilateral, sin tener en consideración, el interés y desarrollo más favorable del menor. De hecho, se ha impuesto como condición expresa (para poder ver al niño), la ausencia de relación con los abuelos paternos.

 

  1. La aptitud de los progenitores para garantizar el bienestar de los hijos y la posibilidad de procurarles un entorno adecuado, conforme a su edad. Las pruebas psicológicas del paciente indican ausencia de patología psicológica y demuestran que posee un perfil de personalidad que puede garantizar tanto el bienestar del niño, como el correcto desarrollo.

 

  1. La actitud de cada uno de los progenitores para cooperar con el otro a fin de asegurar la máxima estabilidad a los hijos, especialmente para garantizar adecuadamente las relaciones de estos con ambos progenitores. Es evidente que las relaciones que se están estableciendo con respecto al progenitor no custodio no son de la máxima estabilidad para el menor. Ante estos hechos, hay un gran vacío legal, hasta que se elaboran las medidas previas.

 

 

En concreto, el criterio fundamental respecto de la frecuencia de los periodos de las estancias es la edad del menor, de modo que cuanto menor sea el niño más amplia debe ser la frecuencia de contacto con el progenitor no custodio, (situación que se dirige hacia el lado completamente opuesto). Los psicólogos forenses (Trabazo, Arias) enfatizan siempre que los niños pequeños, de 0 a 5 años, tienen una memoria a largo plazo muy limitada por lo que su forma de entender el tiempo también lo está, de forma que una mayor frecuencia es la mejor forma de garantizar el apego al progenitor que no ostente la custodia. Lo que se pretende, en el caso concreto de Roberto, es que su hijo lo identifique como su padre y que establezca las condiciones adecuadas de seguridad y de apego. Actualmente el niño ya no es un lactante por lo que los cuidados y desarrollo del menor pueden ejercerse indistintamente por ambos progenitores. Puesto que el padre, se ha perdido un año entero de la vida de su hijo (no por voluntad propia, sino por decisión unilateral), el interés de menor debería ir encaminado al fortalecimiento de la relación paterno-filial.

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